Se estima que al menos 150 personas perdieron su vida en esta masacre.
El pueblo fue en primera instancia bombardeado por el ejército desde morteros y tanques a lo largo de la ciudad.
Luego, los paramilitares del régimen entraron en el pueblo y apresaron a los supervivientes, conduciéndolos en grupos para ejecutarlos tiroteados o a cuchillo.
Muchos de los ejecutados correspondían a mujeres y niños inocentes.
Por su violencia, la matanza ha sido comparada con la Masacre de Hula, acontecida un año antes.