También se pidió ayuda al principado de Cataluña y al Reino de Valencia[5] El rey rechazó los argumentos presentados, diciendo que el ejército no entraba a imponer una jurisdicción extranjera, sino a apoyar a las autoridades civiles y eclesiásticas de Aragón para que pudieran restablecer su autoridad y jurisdicción.
[9] Algunos consistorios enviaron fuerzas a Zaragoza, pero fueron mucho menores de lo que se esperaba.
La mayoría de las ciudades y universidades contestaron al Justicia con una carta conjunta diciéndole que no iban a resistir al rey para así proteger a los quebrantadores de sus propias leyes.
Los catalanes trataron de interceder ante el rey para que no dejase entrar al ejército, pero sin éxito.
[19] Al saberse la noticia en el campamento de Utebo, las tropas se dispersaron en todas las direcciones,[20] huyendo Antonio Pérez y sus principales partidarios a Bearn (Francia).